El actual director tesorero de la CNC y Past President de CAVEM analiza los desafíos que enfrenta hoy el comercio en Chile, el rol de los gremios y la urgencia de fortalecer la reputación y la legalidad como pilares del desarrollo económico.
La seguridad y la informalidad se han instalado como dos de las principales preocupaciones del comercio chileno. Para Carlos Dumay, uno de los dueños del histórico concesionario DUMAY, estos fenómenos no solo afectan la operación diaria de los negocios, sino que impactan directamente en la confianza de las personas y en la competitividad del comercio formal.
Desde su experiencia gremial, Dumay sostiene que la informalidad y la delincuencia generan un efecto inmediato: la gente deja de salir a comprar con tranquilidad. A esto se suma una competencia profundamente desigual. Mientras el comercio establecido cumple con patentes, impuestos, sueldos y servicios básicos, muchos vendedores informales operan sin ninguna obligación legal. Esta asimetría, afirma, es irracional y erosiona la base misma del desarrollo económico.
En ese contexto, el rol de los gremios es, a su juicio, ineludible. No basta con representar intereses sectoriales; es fundamental estar presentes en la discusión pública, exigir el cumplimiento de la ley y defender condiciones justas para quienes hacen las cosas bien. Aunque reconoce que la informalidad tiene un componente social —particularmente asociado a la inmigración irregular lo cual produce que mucha gente tenga que buscarse la vida fuera de la formalidad—, Dumay es claro en que eso no puede transformarse en una excusa para normalizar la ilegalidad.
Desde el mundo automotriz, sector donde ha desarrollado gran parte de su trayectoria, observa una diferencia clara entre los mercados regulados y los que no lo están. La venta de vehículos nuevos, altamente normada, opera bajo estándares estrictos que protegen tanto a consumidores como a las marcas. En cambio, el mercado de vehículos usados sigue mostrando grandes vacíos: falta de protocolos, malas prácticas y escasa fiscalización. Esto no solo perjudica al cliente, sino que daña la reputación de todo el rubro.
Y es justamente la reputación uno de los conceptos que Dumay considera centrales para el futuro del comercio. En un escenario marcado por la desconfianza, la transparencia y la ética comercial se vuelven activos estratégicos, la reputación no se construye con discursos, sino con prácticas coherentes, reglas claras y responsabilidad frente al consumidor.
En esa línea, valora iniciativas como el programa La Hora del Comercio, al que apoya como auspiciador. Destaca que, por primera vez, existe un espacio dedicado exclusivamente a instalar los temas del comercio en la agenda pública y que si se abordan con seriedad, pluralismo y claridad, cree que puede marcar un antes y un después en la forma en que el país conversa sobre desarrollo, formalidad y competitividad.
Para Carlos Dumay, el camino no es corto ni inmediato. Los cambios estructurales toman tiempo. Pero también está convencido de que, con gremios activos, normas claras y una cultura comercial basada en la reputación, el comercio chileno puede fortalecerse y recuperar la confianza de las personas.
“La reputación da seguridad, da confianza y da transparencia. Y eso es exactamente lo que hoy necesita el comercio”, afirma.
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